Infantería

Insignia del Arma de Infantería y su significado

 

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Heráldica

Fusiles Cruzados

“A la carga, bravos combatientes, nuestras armas vencerán en el fragor de la lid, su grito alzará el olor de la pólvora y la furia del cañón, sin duda, al enemigo acabarán”, este es un grito de guerra que los infantes pregonaban levantando sus manos y cruzando sus armas. Esta es la señal de que la muerte espera por su enemigo invasor. Simboliza la valentía, el coraje y la tenacidad del soldado de Infantería, que tiene por responsabilidad el cumplimiento de la misión asignada, el respeto y el amor a su Patria.

Esmalte Oro (color amarillo)

Significa riqueza, fortaleza y grandeza de espíritu. Se asocia con la parte intelectual de la mente y la expresión de nuestros pensamientos. Es, por lo tanto, el poder de discernir y discriminar, la memoria y las ideas claras, el poder de decisión y la capacidad de juzgarlo todo.

Esmalte Sable (color negro)

El color negro simboliza la protección y el misticismo. Se lo asocia con el silencio, la fuerza interior, el celo, el respeto y el duelo por lo querido, amado o venerado. También, se lo utiliza en un recuadro rectangular y horizontal. En sí, los dos colores están ligados directamente a la Infantería. Representan al Dios Sol de los Shyris, símbolo del poder; a las pieles doradas de los soldados que en gestas heroicas imprimieron el nombre del guerrero; a los trigales y los paisajes que caracterizan a nuestra tierra; a la
riqueza del alma, el celo, el respeto, la mística, el arrojo y la valentía.

Historia del Arma de Infantería

El Arma de Infantería, como parte primordial del Ejército, es venerada diariamente. Sus hijos le rinden homenaje y pleitesía, porque simboliza la plena superación profesional, y se muestra como una clara respuesta a las expectativas de los avances tecnológicos de nuestros tiempos.

Es innegable nuestra admiración a la Infantería que, despertando al toque de diana, saluda a la alborada del naciente día, con la oración Patria del trabajo. La constancia y el sacrificio la hacen fuerte de cuerpo y espíritu.

La Infantería que, teniendo por lecho el duro suelo y por techo el inmenso firmamento, duerme el sueño del guerrero incansable, para continuar en el mañana el cruento combate del ocaso. Sonríe ante la inminencia de la muerte y, en gesto generoso y puro, rinde su vida con el grito de Patria en sus labios. Su alma llena de gozo, jamás vencida, vuela al mundo de la eternidad al compás de las épicas notas de la canción de la gloria.

Es la base de los Ejércitos, es decir, el eje sobre el cual gira la organización de todas las unidades de combate. Es la diosa legendaria del combate, la reina de las armas, la estrella del valor y de la gloria.

Este momento solemne de la Patria, cuando se reafirma la democracia nacional, es propicio para el autoanálisis retrospectivo que, con sinceridad plena, debe hacerse el militar. Así, reflexionará sobre lo ejecutado, lo omitido y lo que se debe adelantar. Como mandato de la historia, se pregona el compromiso para con los héroes de nuestra gloriosa heredad nacional.

La Infantería ecuatoriana, que entrelaza sus raíces con nuestra nacionalidad, se ha desarrollado y regado con sangre quiteña en Magsiche y Quipaipán, porque infantes fueron los héroes de Camino Real, Yaguachi, Quebrada Seca y Chacras. Su día clásico es el 25 de Mayo, como reconocimiento al heroico desempeño de los Batallones de Infantería “YAGUACHI”, “ALBIÓN”, “PAYA” y “ALTO MAGDALENA” en la Batalla del Pichincha, la cual selló nuestra Independencia.

Es imposible desconocer el vínculo que, a través del tiempo, enlaza aquel infante aguerrido, forjador de nuestra Independencia, y aquel que hoy lucha por mantenerla y dejarla como el más preciado legado a las futuras generaciones.

La Infantería es un ingenio del combate, que oficialmente se emplea a pie, esgrimiendo armas individuales, colectivas, livianas y de fácil transporte. En el enfrentamiento, puede actuar en forma independiente, con posibilidades limitadas o en combinación con alguna otra arma. Usualmente, emplea medios blindados como apoyo, para así aumentar su poder de choque.

Desde el inicio de la humanidad, el ser humano al ver amenazada su integridad, por diferencias de pensamiento o por conflicto de intereses con sus propios congéneres, sintió la necesidad de protegerse de posibles ataques. De esta manera, surgieron los primeros combates directos, interpersonales o de cuerpo a cuerpo. Posteriormente, en una evolución no muy marcada, los individuos se coligaron con otros usando, en sus albores, armas rudimentarias y en forma un poco más organizada. Así, se generaron enfrentamientos de mayor magnitud, pero siempre con una característica esencial, el movimiento a pie.

Con el transcurrir del tiempo, la evolución del armamento, las técnicas, las tácticas y los procedimientos de combate, así como del número de las huestes o guerreros militantes en los enfrentamientos, coadyuvaron a que el combate se torne más cruento. Allí, evidentemente, resalta el infante revestido de un ímpetu pocas veces visto en cualquier otro combatiente. En los campos de batalla, libró encuentros mortales, que han hecho que el soldado se privilegie de pertenecer a esta gallarda legión, se sienta alborozado de ser parte de esta herencia y tradición.

Porque a pie va cantando mejor la valentía, y es a pie cómo vibra más fuerte el corazón, conquistando la tierra de pulgada en pulgada, mientras el alma salta de emoción a emoción.