Artillería

Insignia del Arma de Artillería y su significado

 

artilleria

Heráldica

Heráldicamente, los esmaltes rojo y negro son distintivos de la Artillería. El color rojo expresa la capacidad que tienen los soldados artilleros de manejar explosivos, pólvora, dinamita, detonadores, fulminantes, granadas, etc. Por su parte, el color negro representa la tozuda actitud de no ceder ni dar tregua al enemigo durante el combate. Los cañones dorados cruzados simbolizan el poder arrasador del fuego.

Este elemento ha marcado hitos de gloria y triunfo en las guerras que el soldado artillero ha desatado a lo largo de la historia.

Historia del Arma de Artillería

El Arma de Artillería ha tenido una evolución acorde con los progresos científicos y técnicos, en los campos tácticos y estratégicos. Así, su capacidad operativa se ha elevado hasta un grado máximo.
Vastas áreas de aire, mar y tierra han sido cubiertas por el fuego de proyectiles, lanzados por cañones de todo peso y calibre. De esta manera, también, las sorpresas más grandes han sido causadas por el empleo del cañón, convirtiéndolo en invalorable apoyo de otras armas.

Varias versiones existen sobre el origen de la palabra artillería. Una sostiene que proviene de un fraile llamado Juan Tillery, de donde nace la designación “Arte de Tillery”. Esta, con el paso del tiempo, se convirtió en una expresión inglesa de artillery, traducida al español como ‘artillería’. Otras encuentran el origen en el vocablo italiano artegli-gra.

La historia de la Artillería, en Ecuador, tiene sus orígenes en las postrimerías de la Época Colonial y los albores de la Independencia. Sin embargo, el factor común de esos tiempos fue la falta de definición para emplear el poco material disponible, de acuerdo con una visión táctica y operativa. Las primeras bocas de fuego que registró oficialmente la historia nacional son las emplazadas en el Golfo de Guayaquil, para, a modo de fortaleza, proteger el acceso a su puerto. Allí nació la Artillería de Fortaleza, con fortines como Las Cruces, La Concepción, San Felipe, en la costa del Pacífico, o más tarde con la colocación de piezas de bronce en el fortín de El Panecillo, en la ciudad de Quito.

Durante la época de las Guerras de la Independencia, resalta la participación de pequeñas fracciones de Artillería como parte de la denominada División Protectora de Quito. Esta tuvo una actuación honrosa en los combates de “Camino Real”, Artillería “Huachi” y “Tanizahua”. De igual forma, el gran Mariscal Antonio José de Sucre contó, entre sus filas, con una batería de Artillería. Esta, por las dificultades de desplazamiento, no participó en la gloriosa Batalla del Pichincha en 1822.

En 1852, como parte de la concepción de conformación del Ejército Nacional, el Presidente José María Urbina estableció, mediante decreto, que este se compondrá de dos Batallones de Infantería y dos Escuadrones de Caballería, apoyados por una Brigada de Artillería, en tiempos de paz.

De igual manera, el referido documento describe que esta última unidad se conformará de cuatro compañías. Junto a estas concepciones de organización se da, a finales del siglo XIX, la adquisición de los cañones Krupp de montaña y de costa, de calibres 7.5 y 8.8 pulgadas, respectivamente. Con el triunfo de la Revolución Liberal del 5 de Junio de 1895, el General Eloy Alfaro se interesó en la organización y el fortalecimiento del Ejército. Por eso, entre otras decisiones, creó la Brigada de Artillería “GUARDIA NACIONAL”. Para el 24 de agosto de ese mismo año, cambió su denominación a Batallón “BOLÍVAR”. Esta unidad sería la cuna del actual Grupo de Artillería Nro. 1 “BOLÍVAR”, que se encuentra actualmente en la provincia de El Oro. Sin embargo, durante su vida sufrió un largo peregrinaje que va desde la misma ciudad de Quito, pasando por Portovelo y Zaruma, hasta llegar a su actual destino en la ciudad de Machala.

El 27 de junio de 1902, como parte del proyecto de la Ley Orgánica del Ejército Ecuatoriano, se determinó que el Arma de Artillería podría ser de montaña, de a caballo, de costa y de fortaleza. La unidad táctica fundamental fue la batería de cuatro piezas con mulas. Y es en esta primera década del siglo pasado, con la presencia de la primera Misión Militar Chilena, que se adquirió, de la República de Chile, ocho piezas Herbardt y cuatro piezas Vickers Ma-xim, de origen alemán e inglés, respectivamente.

Todo este material, con Unidades de Artillería organizadas de acuerdo con el sistema chileno, fueron empleadas por el gobierno del General Leónidas Plaza Gutiérrez. Así se combatió la insurgencia encabezada por el General Carlos Concha en la provincia de Esmeraldas, en 1914.

En el año de 1925, el país soportó una serie de disturbios políticos que hacían peligrar la paz y la tranquilidad de la República. Sobresale la Revolución del 9 de Julio, conocida como la Revolución Juliana, fraguada por oficiales del Grupo de Artillería “BOLÍVAR”; quienes decidieron terminar con los abusos de la oligarquía que se había apoderado del poder y saqueaba, sin ningún control, los recursos públicos.

Las Unidades de Artillería, junto a otras del Ejército, se vieron envueltas en la participación de infaustas confrontaciones intestinas, a consecuencia de criminales errores de la política ecuatoriana, como la Guerra de los Cuatro Días (1932), el Combate de Tapi (1933) y el Conflicto de las Cuatro Horas, entre otros. Para esos eventos ya se contaba con el famoso cañón de montaña 65/17, de origen italiano. Los enfrentamientos antes citados tuvieron como protagonistas a los grupos “BOLÍVAR”, “CALDERÓN”, “SUCRE” y “VILLAMIL”. Estas organizaciones se constituyeron, a lo largo de nuestra historia, en los cimientos de las unidades hoy disponibles.

Durante el conflicto armado con Perú (1941), las Unidades de Artillería no disponían de los medios suficientes para su desempeño como tales. Por esto, su personal fue destinado a reforzar parte de las Unidades de Infantería. Un hecho importante, que cabe mencionar, es la participación de soldados artilleros a bordo del cañonero Calderón, que se cubrieron de gloria con dos piezas Breda de 20 mm. Estas fueron fundamentales durante el combate naval de Jambelí y la posterior derrota de la nave peruana Almirante Villar.

Desde 1956, el país inició la adquisición y posterior dotación en las Unidades de Artillería del cañón americano de 105 mm M2A2. Con este nuevo material, comenzó un largo proceso de modernización, que sería completado con las compras de armamento que se efectuaron desde 1972 hasta inicios de la década de 1980, con materiales como: el cañón autopropulsado de 155 mm F-3 de origen francés, el obús de 105 mm L14M56 italiano y el cañón auto remolcado de 155 mm M-198 americano. En esa misma época, se vio fortalecida la Artillería Antiaérea, la cual reemplazó al material de 40 mm por el sistema antiaéreo Oerlinkon, de origen suizo e italiano. En 1981, la Artillería se llenó de gloria cuando, en el Conflicto de Paquisha, el Cabo Nelson Guamaní, con su ametralladora múltiple. 50, derribó un helicóptero peruano.

Cabe mencionar que otra unidad insigne es el Regimiento “MARISCAL SUCRE”, que participó en el proceso revolucionario liberal. Inicialmente, se asentó en la ciudad de Guayaquil hasta llegar a Quito. Posteriormente, fue trasladado al Fuerte Militar “ATAHUALPA”, ubicado en Machachi. Un dato sobresaliente constituye la influencia que esta Unidad de Artillería tuvo en el nacimiento de la Escuela de Artillería.

Junto a ella, se conformó este instituto que ha sido responsable de la especialización de todo el personal del Arma de los Cañones Cruzados. De igual forma, la diversidad de materiales llevó a la creación de la Escuela de Artillería Antiaérea Conjunta, asentada en las proximidades de la Base Aérea de Taura.

Actualmente, la Artillería de Campo cuenta con nuevos materiales, como son los lanzadores de cohetes BM-21, TATRA-803 y GRAD-1P. Estas adquisiciones se realizaron a inicios de la década de 1990. Se fortaleció a las Unidades Antiaéreas con los misiles Igla.

Durante la Gesta del Alto Cenepa en 1995, las Unidades de Artillería participaron con lanzadores de cohetes BM-21 y GRAD-1P, obuses de 105 mm italianos y misiles antiaéreos Igla. Estos últimos proporcionaron seguridad al espacio aéreo. La actuación de sus soldados les valió el reconocimiento del Ejército y de todo el pueblo ecuatoriano, al infringir serias bajas en el personal y el material enemigos. Se convirtió en un elemento decisivo en el resultado final de este hecho heroico e imborrable de la memoria nacional.

Por ello la historia universal no se equivoca al decir que la “Artillería es el último argumento de los reyes.